sábado, 19 de enero de 2013
JUAN CERDA ZUÑIGA
VIENTRE DEL VIENTO
Busco la raíz oculta en tu vientre
el silencio, tu escarcha, el asombro
es extraño volver a la matriz
al costado a sangrar como todos sin llorar
y a dormir y hacerse llovizna
en el vientre del viento.
LUNA DESCALZA
Tu idioma abrió los ojos del agua
soy el invierno
sé donde duermen tus cartas.
Eres sombra
juntando discos en un closet
esperando el polvo, las arañas.
Soy el personaje oculto
que ves morir a mediodía
que fuma cigarros sueltos
y busca en los cajones rastros de luz
Y volveré a mi casa a oír la radio
a imaginar que estoy vivo
mientras el té se enfría
esperando que el teléfono
escape con su campanilla
para quemar el vacío
y olvidar este miedo
cuando te vistes de sombra.
ANUNCIO DEL VIENTRE
Déjame volar en estos cristales
soy la memoria de la niebla
abrázame, ya vienen a buscarme
voy a nacer, espérame
adiós a tu vientre.
He empezado a soñar.
Juan Cerda Zuñiga: (Santiago de Chile, 1964). Poeta Chileno. Ha participado en diversos talleres de poesía como: “Isla Negra”, dirigido por Edmundo Herrera, el Taller de "Poesía Joven", dirigido por Alicia Salinas y el Taller “Pedro Araucario”, dirigido por Amante Eledin Parraguez. Su obra ha sido publicada en revistas como: Dementes, El Tablón, Caliope, Piedrazo, Derrame y Caballo de fuego y en las antologías: “Pájaros en la Isla”, (Selección de Edmundo Herrera) 1986, “Antología de poetas de Peñalolen”, (selección de Marisol Wexman), 2000 y “Sitio Público”, Mago Editores, 2005. Ha participado en las agrupaciones “El Barracon” y “La Ballena” Como así mismo es miembro de la Sociedad de Escritores de Peñalolen y del grupo cultural “Desbordes”, dirigido por el pintor y poeta Carlos Delgado Paez y ha desarrollado además una activa participación en Radio “Encuentro” de Peñalolen donde ha conducido y producido los programas: “Desde las alturas” y “Abriendo Horizontes”. En 2003 publica su libro “Luz de Higuera” (prólogos de Edmundo Herrera, Renato Yrárrazaval y Amante Eledin Parraguez). Actualmente dirige el taller literario "Pablo De Rokha" de la Cosam de Ñuñoa.
JEAN LOUIS BEDOUIN
EL LECHO DEL VIENTO
El puente se alarga desmesuradamente
En el cenit en el aire de lino fresco
La ciudad ascendía girando hacia mí
Con sus arterias recorridas por los grandes barcos.
Desciende ahora hacia el horizonte
Donde alguien desaparece
Quizás la viajera
Su fuga deja sobre el vidrio deslustrado
Solo la lluvia de violetas negras
De pronto el trineo se abalanza en medio de los bailarines
La noche se abre
Sobre las terrazas nacaradas de los personajes
Altos inmóviles vestidos de niebla azul
Dirigen la recolección cuyo derecho acaba por fin de ser
reconocido
Sin límites el deseo se recrea
Desde los frutos de la tierra hasta los frutos de las olas
Hasta los maravillosos frutos de la carne
En un vergel hecho con todas las plumas del pájaro lira
Un seno una estrella en una mano de hombre
Las parejas se reflejan una en otra
Formando una galería de fuego
Que desemboca muy lejos en campo raso.
Jean Louis Bedouin:
JIMMY WATT
EL CONJURO DEL ARTISTA
Durante toda la pasada noche
(en que los santos descamaron y desollaron corderos)
Abrì, codo y pecho a tierra,
Un estrecho canal de agua dulce
Pero un vòmito de mar
Se regurgitò desde las sienes patriarcales.
Mañana por la mañana
El lodo se harà piedra.
Quien estè libre de pecado
Que coja y coma de mi semilla
¡Y en el acto!
Convertido en la fisura del espejo de la creaciòn.
En el desvelo de los monarcas.
En el motivo para el desquicio
Para amar
Y ser postergado.
En un hermano.
En un hijo.
Jimmy Watt Abarca: (Santoago de Chile,1975). Poeta y pintor chileno. Fue colaborador de la Revista "Derrame". Ha participado en numerosas exposiciones colectivas.
Durante toda la pasada noche
(en que los santos descamaron y desollaron corderos)
Abrì, codo y pecho a tierra,
Un estrecho canal de agua dulce
Pero un vòmito de mar
Se regurgitò desde las sienes patriarcales.
Mañana por la mañana
El lodo se harà piedra.
Quien estè libre de pecado
Que coja y coma de mi semilla
¡Y en el acto!
Convertido en la fisura del espejo de la creaciòn.
En el desvelo de los monarcas.
En el motivo para el desquicio
Para amar
Y ser postergado.
En un hermano.
En un hijo.
Jimmy Watt Abarca: (Santoago de Chile,1975). Poeta y pintor chileno. Fue colaborador de la Revista "Derrame". Ha participado en numerosas exposiciones colectivas.
viernes, 18 de enero de 2013
EDOUARD JAGUER
HELECHOS ARBORESCENTES
Por lo màs hondo de los ojos azules pasa el galgo del
azar
Por lo màs hondo de los ojos negros pasa el tigre del
hastio
Por lo màs hondo de los ojos blancos se arrastra el pinzòn
de la angustia
el galgo del azar habita en el heno fresco
el tigre del hastìo en el trigo verde
el pinzòn de la angustia en las constelaciones de yeso
el heno fresco chirria en verano
el trigo verde se separa en otoño
las constelaciones de yeso desaparecen en verano
un invierno para matar a los niños
un otoño para liquidar a los padres
un verano para liquidar a los sobrevivientes.
LA NOCHE ESTÀ HECHA PARA ABRIR LAS PUERTAS
Y cuando las puertas se cierran con estrèpito en lo alto
de las colinas falsificadas
mis labios se desgarran
y se le quedan en las manos
entonces ella se levanta
con un contorneo de ave marina que despliega las alas
y espera
ella espera horas enteras, y estaciones enteras
y eras geòlogicas
hasta la apariciòn de los desconcertantes cùmulos de piedra
arrojados por los lastres reventados
del màs torrentoso tren del mundo
tren del mundo
tren del mundo
tren de donde màs allà la piel y el espìritu, la sangre
tren livido
entonces esa vestimenta
que es un animal elàstico de sangre hirviente
que se estira de un àrbol a otro dàndose aires
de campanario
llameante
entonces esa vestimenta llameante de flores trepadoras
en el flanco del
monstruo volcànico
entonces arranco a puñados las tablas del parquet
para unirme a los reyes negros que alli se hacen la guerra.
Édouard Jaguer: (París, 8 de agosto 1924-París 9 de mayo de 2006). Poeta y critico de arte francés. Descubre simultáneamente el surrealismo y la pintura no figurativa en 1937. Realiza sus primeros dibujos y escribe sus primeros poemas al principio de 1939. En 1943, reúne el grupo surrealista de "La Main à Plume". Después de 1945, es uno de los primeros en incitar a los pintores de la abstracción lírica entonces a sus principios, trabando amistad con Atlan, Bryen, Jorn, K.O. Gotz, Alivia y otros, antes de hacerse, en la misma perspectiva experimental, redactor francés de la revista Cobra (1948-1951) y cofundador de Rixes (1949-1951). Participa en las actividades del Movimiento Surrealista Internacional a partir de 1959 y contribuye a la organización de varias de sus exposiciones importantes. En 1952, con su mujer la pontora surrealista Anne Éthuin y algunos amigos, funda la revista Phases, alrededor de la cual se constituye el movimiento del mismo nombre, de la cual la actividad se prosigue siempre, siendo organizador de mas de cien exposiciones colectivas en una veintena de países. Colaboro en las revistas: "Salamander" y "Dunganon" (Suecia), "Il Gesto" y "Documento-Sud" (Italia), "Edda" (Bélgica), "Scarabeus" y "La tortue-lièvre", (Canadá), "Boa" (Argentina), "Élémental" et "Ellébore" (Francia), "Derrame" (Chile). Fue desde principios de 1996 colaborador de la revista "Infosurr", realizando reseñas sobre libros, revistas y exposiciones que dieran cuenta de la actualidad del surrealismo en el mundo. Es autor de: "La Poutre creuse", (1950), "La Nuit est faite pour ouvrir les portes", (1955), "Le Mur derrière le mur", (1958), "Regards obliques sur une histoire parallèle", (1977), "Les Mystères de la chambre noire", (Flammarion, 1983) surrealist photography, "Das Surrealistiche gedichte", (Alemania 1985) - poetry anthology, "Le Surréalisme face à la littérature", (Le Temps qu’il fait, Cognac, 1989), "L’Excès dans la mesure", (1995), "Cobra au cœur du XXe siècle". (Galilée, Paris 1997), "L’Envers de la panoplie", (Syllepse, "Libre espace", 2000), Monographies on Alechinsky, Baj, Cornell, Freddie, Gallizioli, Gironella, Jom, Lacomblez, Margonari, Perahim, Oelze, Pozzati, Remedios Varo and Revilla.
JACQUES RIGAUT
MIS SUICIDIOS
La primera vez que me maté lo hice para aturdir a mi querida. Esta
virtuosa criatura se había negado bruscamente, cediendo al remordimiento
-según decía-, a acostarse conmigo, a engañar a su amante, su jefe de
oficina. No sé muy bien si yo la amaba; sospecho que quince días de
separación habrían disminuido de manera notable la necesidad que de ella
sentía. Pero su rechazo me exasperó. ¿Cómo atraparla? ¿Ya he dicho que
ella sentía por mí una profunda y duradera ternura? Me maté para aturdir
a mi querida. Perdóneseme este suicidio en consideración a mi extremada
juventud por la época de semejante aventura.
La segunda vez que me maté lo hice por pereza. Pobre, con un horror
prematuro por toda ocupación, un día me maté sin convicción alguna, tal
como había vivido. No fue una muerte demasiado rigurosa, a juzgar por la
floreciente catadura que hoy tengo.
La tercera vez... Voy a eximirlos del relato de mis otros suicidios,
siempre que consientan ustedes en escuchar éste: acababa de acostarme,
después de una velada en la que mi hastío no había sido, ciertamente,
más asediante que las demás noches, y tomé la decisión y, al mismo
tiempo -lo recuerdo con precisión absoluta-, articulé la única razón
para hacerlo. Y ahí mismo, ¡zas!, me levanté y fuí en busca de la única
arma que había en la casa, un pequeño revolver adquirido por uno de mis
abuelos y cargado con balas igualmente viejas (en seguida veremos por
qué insisto en este detalle). Acostado desnudo en mi cama, desnudo me
hallaba en mi habitación. Hacía frío. Me apresuré en sumergirme bajo las
mantas. Había armado el gatillo y sentí el frío del acero en mi boca.
Parece verosímil que en aquel momento había sentido latir mi corazón,
tal como lo sentía al oír el silbido de un obús antes de estallar, como
en presencia de lo irreparable aún no consumado. Oprimí el disparador,
el percutor cayó, pero el balazo no se produjo. Entonces deposité el
arma en una mesita, probablemente riéndome con alguna nerviosidad. Diez
minutos más tarde, dormía. Creo que acabo de hacer una observación algo
importante, tanto que ¡naturalmente! Va de suyo que ni por un instante
pensé en un segundo disparo. Lo que interesaba era haber adoptado la
decisión de morir, no que yo muriera.
El tedio y un hombre al que no se le escatiman tedios encuentran quizá
en el suicidio la consumación del más desinteresado gesto, ¡siempre que
no sienta curiosidad por la muerte! No sé en absoluto cuándo ni cómo he
podido llegar a pensar así, lo cual, por lo demás, no me fastidia. Pero
he ahí, sin embargo, el acto más absurdo, y la fantasía en su fuente, y
la desenvoltura más lejana que el sueño, y el más puro compromiso.
Jacques Rigaut:
Jacques Rigaut:
BRAULIO LEIVA
SIEMPRE ES EL RÍO
En la hora de las tempestades seguras
Los estrechos hijos descansan del fuego
Los guijarros siendo recomendados en la carne
Se estimulan en los cables desgraciados
Donde el helecho llega antes de ser destruido
Resistido por los brazos que caminan en los balcones
Los finos síntomas de la piraña conforman la cruz
El túnel desgasta las piezas pequeñas del beso
Bajo los colibríes que reciben amenazas
De acordeones de pasadas disputas
Cuando el bloque de hielo ha parido sus huevos infantiles
Que agradecen sus propiedades cancerígenas
Ante un público que se deshace en aplausos
CEREBRO AL AGUA
Ellas aquilatan los senos que derrumban las chimeneas del tiempo
Y justifican los abrazos escondidos
Actitud de fantasma altamente calificado para la hierba
En la irritación de la ballesta para la muerte azul de un cisne y
De su vago vegetal que le camina por la pupila
Los deudores de puentes duermen al respecto de la memoria
El vidrio en la solapa de la ballena y sus óvulos ceremoniosos
Por el deseo de mirar por la boca de plantar una rodilla
Con su carpintero adentro
Si ellos nombran los moluscos las señoritas besan sus pezones
Con el salvajismo propio de un pétalo manipulador de tijeras
TRUCO A DOS VOCES
Con las líneas del beso en el revólver
Apuntará sobre las aves a su paso
Para comunicar al maniquí incandescente
Su tentativa distancia de lámparas
Para coser el día en el abismo
De la mano de títeres de luna
Con la bala de la sangre entre los ojos
En la hora precisa de concebir muñecas
La medalla rodará por los cielos
A la hora del disparo secreto
El tiempo será una caja musical
Las olas saldrán por los ojos
La mujer por la noche
Otras por el vino derramado
En la uñas del que cava arrepentido
Sin mirar los ojos del silencio.
Braulio Leiva: (Viña del mar, 1979-2014). Ingeniero Civil Informático y Poeta. En su juventud asiste fugazmente a un taller literario en Villa Alemana, época en que concentra en el auto aprendizaje y la investigación de vanguardias literarias a partir de su encuentro con la obra de Vicente Huidobro. El surrealismo no tardó en llegar. Comienza a escribir desde el amor y el azar. Entra en contacto con el Grupo Derrame el año 2006, grupo al cual se integra a comienzos de 2010. Dejo inedito un libro de poesia automatica " FUNDA-MENTAL: Aprenda radio en 15 días", que preparaba en coautoria con el poeta Rodia Ibadeva.
DAMASO OGAZ
LAS RATAS
Es preciso que alguien, venga y diga: hay un húmedo olor a baúl.
Nada más.
Como en esos invernaderos desolados, las ratas abrirán entonces un agujero,
Leve,
Melancólico,
Que les impida flotar a la deriva.
Junto a las ratas sobrevivimos, cada vez más tenaces y más adentro.
Expiamos,
No había nadie con apariencias humanas, con vínculos, con ropajes, con ferocidad.
Se ocultaron unos de otros.
¿Por qué tanta prisa?
Éramos los que se quedaron tempranamente solos a la hora de la siesta
Tensos y casi inmóviles.
Con una falta de preparación para la voraz visión del día.
Un rechinar de dientes
Con una posición desacertada ante los objetos en apariencia familiares..
Huesos y piedras
Y cenizas. Cada partícula caía pesada y lenta.
Hablar era para nosotros una operación difícil, como una especie de vértigo.
Ellos, los antecesores, ya habían perdido la clave de esas palabras.
Hay cosas que son definitivas.
“Inmortales”, vivisteis abrumados por el arrepentimiento y el asco insalvable.
Vivisteis para observar y exclamar: “Cuando la aguja marque ese número…”
Alfileres, Trajes usados.
Como las bestias que se reúnen para emigrar, otrora resollasteis.
Y al abrir la puerta, los vimos cambiar de nivel y ser una mancha negra.
Una mancha negra visible a nuestros ojos.
Una herida abierta, repulsiva.
Una mirada culpable y amarga publicaron los periódicos.
Hoy sabemos que sus recuerdos insospechadamente se arrastraban por los intersticios.
Sus recuerdos son instrumentos sutilmente afilados.
SED VOSOTROS… les gritamos.
Empero todos esos ojos de ayer vuelan y chocan como ratas enloquecidas dentro del baúl,
En señal de contrariedad. Esos ojos azotados por el ramaje y la maleza
Encierran, no obstante posibilidades misteriosas y amenazantes.
Yo, en particular, recuerdo unos ojos, unos guijarros tibios y lisos,
Y una voz que me dijo:
“Sale a este infierno”.
LOS PROXIMOS
El presente es una puerta.
Una estructura opaca, aquí
Aquí donde es necesario buscarse más hondo que en otros lugares.
Dejar que las manos vacías vayan en pos una de la otra a tientas, defendiéndose.
Hacer que las palabras se vayan quebrando muy alto; huecas e ilimitadas.
Las palabras que se apoyen ligeramente en un sistema de procedimientos y tentativas,
Colgaban de nuestro cuello como una rueda de molino.
Lograr que los pies remuevan el polvo frotándolos contra el piso,
Porque el polvo, como los objetos, se disgrega bajo la presión de la iniquidad.
Traer pálidas mujeres que cuiden de nuestros sueños y no establezcan ningún diálogo.
He aquí los hechos.
Extraños, pero verídicos.
El café amargo en la orilla de la mesa y la mesa en un cuarto
Donde los recuerdos me despiertan.
Por sus huecos, los zapatos abren el contacto entre la piel y el polvo
Y la sangre vacila.
El traje diario pende resignado, deformado en sus límites, en sus razones,
Como esos seres desfigurados por el apremio y sin voluntad
Capaces de disimular.
Llegan las voces, los próximos y el aleteo de un pájaro en lo profundo de los muebles.
Beben luego de sus jarras y sus gruesas venas transparentes dan lentos latidos.
Un agua turbia que después empujarán fuera de sus cuerpos clasificados
E irá en pos del pozo y en el pozo será transmutada.
Visten viejos uniformes que rozan de un modo inesperado las paredes.
Un sonido breve que fija las cosas dentro de un molde como un certificado de genealogía.
Luego responden o dicen o preguntan o interfieren las entradas.
Ellos encuentran placer en atormentarse, en descolorarse mutuamente, en borrarse y desaparecer.
Pellizcan a las pálidas mujeres como una pieza de caza.
Se sorprenden cuando un hombre se va de cabeza al fango como si quisiera espantar una mosca.
Un salto, ¿Cuándo exactamente?
El café vertido sobre el hule.
Los mimetismos tras la puerta.
Nos buscamos en ellos, desnudos, irremediables, con palabras a medias.
Queremos ser divisados para recogernos en sus miradas como un objeto de goma que rebota.
Conocemos sus moldes y cierta ceniza insospechada detrás de sus párpados.
Suponemos que nos perciben porque gesticulamos: un subterfugio inútil.
No hay parecido que les preocupe encontrar,.
Sus ojos están hechos para las expresiones indispensables
Sus manos se mueven sin dejar de permanecer en la indeterminación, tratando de disimular su presencia.
Son capaces de albergar todos los errores, como conservar caracoles entre elefantes por ejemplo.
Los próximos están así solamente reflejados y los viejos uniformes les devuelven la imagen.
Cuando se creen perdidos, desclavados, humedecen sus lenguas y se tornan indiferentes.
Se convierten de súbito en arrogantes y se asoman, sin interés, al borde de las interrogaciones que incitan.
- ¿Acá, nunca hay moscas en los platos?, preguntan.
Las palabras les recorren la columna vertebral y las cabezas les caen sobre las espaldas.
El miedo les enseñó el acento, les mostró la medida y su niebla les cubría.
Era como si alguien hubiera empañado un vidrio con el aliento.
Cada uno en su centro.
Aquí.
Cada uno en sentido inverso.
Entre lenguas y dientes conservaban el sabor amargo del café
Y algunos débiles clamores de ira y desesperanza.
Conservaban también el nombre, esa máscara que emplea el equilibrio.
Retenían junto a ellos, el alcance de sus manos, un montón de huesos mohosos en el borde.
Unos sacos ocultos en las mangas y unos sentidos vacíos que ya habitan.
¿A quien pertenecen esos moldes huecos? Tienen un número apretado entre los puños.
Una vieja madera pudriéndose por efecto del miedo y abriéndose al azar.
Petas, como en los finales de fiesta,
No parecían estar en su sitio adecuado y se mezclaban con los relojes de la policía que daban la hora.
Ellos ya no estaban. Ellos se habían topado con la punta e un puñal.
He aquí los hechos.
El análisis iba lejos.
LOS ASESINOS ENGENDRAN LA IGUALDAD
¿Qué palabras dirás? ¿Qué frases...? preguntaban desde el canapé Récamier.
Cubrían su palidez con una bruma fosforescente. Un hábito inconciente. Una oscuridad determinada, dije.
Inútil como un agujero más grisáceo en el fondo negruzco del barro.
Una intención que no puede ser apartada y permanece pegada al paladar. Asfixiada, como una paloma en un sombrero de copa demasiado brillante.
Atribulada mientras la soledad hiede y se expande. - ¿Qué gestos..?
El rostro crece en medio de los residuos, cuando nadie mira. Ojos. Orejas. Nariz. Boca. Lo necesario.
Pegajosos aún de la placenta, y las huellas de manos inmutables y grasientas.
Una forma que busca la espontaneidad inocente, dobla el cuello y se acaricia. Un gesto fuera de contexto.
Un ritual más en medio de una petrificada soledad. Arrojado y olvidado.
-El escepticismo es una indecencia, dijeron, y asumieron una expresión elegante, seguida de un sopor como de sueño. A tientas y con dulces engaños, desconectaron la voz del teléfono a cambio de lo real. Gatos y hongos. Y monsieur Dior con cuello alto. Algo como ceniza los cubría y alteraba sutilmente sus facciones.
-No te llamarás Dámaso, dijeron. Era una hipótesis. Andaban ahora dentro de una botella de vidrio negro. Descompuestos. Con las imágenes borrosas al pecho y su oscuridad progresando en círculo. No era posible apaciguarlos. Se habían apegado unos a los otros como animales fieles, como mundos contiguos y ordenados.
Unos después de otro. Se hacían inciertos, ciegos a la luz que alteraba sus rostros.
Creían tener un hilo conductor. Una mínima luz en cuyo centro numerosas siluetas gesticulaban y discutían sobre perros. Alguien, entre ellos, tomaba pastillas para el sueño.
Arrastraban a los demás tras las imágenes arbitrariamente elegidas.
Ya habían disipado las huellas que los testimonios de furor y desdén acumularon. Un arsenal de venenos y drogas.
Los trajes grises cuidadosamente aseados, como una vestimenta que ha de llevarse a un bautizo.
Y entre los pasos precipitados, la luz de los anuncios, el fluctuar del amor en los cinematógrafos. El dedo crispado en el gatillo.
Los amarillos documentos disimulados en la mano izquierda. Desde ese momento me perdí y me vieron flotar.
Me hice incoherente como un cadáver al que se han olvidado de enterrar. Otros paseantes un poco ausentes, finalmente, ataron esos fragmentos con alambres.
Lodo y niebla.
Un personaje interestelar.
Una serie de piezas fabricadas introvertidamente y unidas por un alambre de cuyo extremo después tiraban.
Tiraban.
Tiraban como a un animal disecado.
-La semejanza se adquiere, dijeron.
Había que acomodarse al paso de los demás, avanzar bordeando el foso, en sucios vagones de ferrocarril.
Ocultarse en los armarios rodeados de espejismos, confundirse con las ropas íntimas y los trajes usados. Inerte y culpable.
Vaivén de la balanza, apretaban con cálculo los dientes y deslizaban la cabeza entre las manos.
Si les preguntáis: ¿por qué?
Responderán: para vivir.
Se han estancado y se evaporan con los grises ropajes del sacrificio, y la piel manchada con los ojos gastados por dentro.
Uno después de otro.
Dàmaso Ogaz: (Santiago de Chile, 1924-Caracas, Venezuela,1990). Poeta y Artista plástico chileno, uno de los mayores exponentes del “Arte Correo”. Miembro del grupo “El techo de la ballena”. Autor de: "Triptico" (en conjunto con Manuel Rueda e Irma Astorga), Revista de Poesia Triptico n1, Santiago de Chile, 1949, "Tercera Elegía", Ed Zona, Santiago de Chile, 1952, segunda ediciòn Ed Evandro, Santiago de Chile, 1953,
"La llave maestra" edición limitada realizada por el grabador argentino Juan Carlos Cirolía, Mendoza, Argentina, 1953, "Los Métodos y las deserciones imaginarias", Ed L inconnu, Francia, 1963, segunda ediciòn Ediciones El techo de la Ballena, Caracas, Venezuela, 1968, "La espada de doble filo", (ilustraciones de Carlos Contramaestre), Ediciones El techo de la ballena, Colección Sir Walter Raleigh, Caracas, Venezuela, 1962, "La ballena y lo Majamàmico", Colección Docencia Ballenera, Nº2. Ediciones el Techo de la Ballena, Caracas, Venezuela, 1967, "La cultura de occidente", Ediciones La pata de palo, Valera, Venezuela, 1970, "Iconolatria", Edición de 40 ejemplares, Ediciones Cisoria Arte, Caracas, Venezuela, 1974, "Pauta para el Uso", Ediciones La Verdad en la Poesía (LVELP), Entre Ríos, Argentina, 1974,
"Remate", Ediciones La Pata de Palo, Caracas, Venezuela, 1975, "Paso atràs ", Ediciones Rondas, Barcelona, España, 1975, "3 Textos", Ediciones La Pata de Palo, Caracas, Venezuela, 1975,
"Que fue de la soga del pobre Gerard", Ediciones Pata de palo, Venezuela, 1977, "Cortado por la misma Tijera", Ediciones Cisoria Arte, Caracas, Venezuela, 1977, "Los Poderes", Ediciones Pata de palo, Venezuela, 1972, "Anverso y reverso del número ocho", Ediciones del rectorado, Universidad de los Andes, Venezuela, 1981, "Canción para un asesino", Ediciones Bárbara, Venezuela, 1983. Su obra ha sido incluida en diversas revistas y antologías chilenas y extranjeras, como así mismo participo en múltiples exposiciones internacionales en Chile, Argentina, Francia, Alemania y Japòn.
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